Monofosfato de uridina el nootrópico para potenciar tu cerebro

Monofosfato de uridina el nootrópico para potenciar tu cerebro

El monofosfato de uridina es un nucleótido de pirimidina que se encuentra presente en las células de la mayoría de los organismos vivos (1).  Su compuesto activo es el uracilo, que también forma parte  del Ácido Ribonucleico o ARN.

El ARN  es conocido esencialmente por dirigir la síntesis de proteínas, pero en realidad hace mucho más que eso. De hecho, el ARN también tiene un papel en el catabolismo y en muchas  otras respuestas celulares. (2)

El monofosfato de uridina podría definirse como un bloque de construcción primario para la sinapsis  la síntesis de neuronas. Los alimentos que contienen uridina incluyen la levadura, el extracto de caña de azúcar, los vegetales, la cerveza, la leche materna, las menudencias como el hígado y el páncreas, la cebada, entre otros. (3)

Si bien el consumo de estos alimentos mantendrá constantes los niveles de uridina del cuerpo, no elevarán de manera confiable el monofosfato de uridina en el cerebro.

Es por ello que la mayoría de los beneficios nootrópicos de este compuesto se obtienen de los suplementos (4). Ya que el monofosfato es el transportador que asiste a la uridina para movilizarse a través del tracto gastrointestinal sin daños y así cruzar la barrera hematoencefálica.

Monofosfato de uridina el nootrópico para potenciar tu cerebro
Molécula de uridina

¿Cómo funciona el monofosfato de uridina?

Cuando se consume como suplemento, el monofosfato de uridina es metabolizado casi en su totalidad por el hígado y el tracto gastrointestinal. Cuando llega al torrente sanguíneo, atraviesa la barrera hematoencefálica en donde ejerce sus beneficios nootrópicos.

En el cerebro, el monofosfato de uridina trabaja de varias formas:

Primero, como un importante bloque de construcción,  mejora el crecimiento de las neuritas. Las neuritas son las prolongaciones de las neuronas que les facilitan a estas se conecten entre sí. (5) De esta manera aumenta la sinapsis y la cognición mejora en varios aspectos.

En segundo lugar, aumenta indirectamente los niveles de neurotransmisores. Una de esas maneras indirectas es al incrementar la fosfatidilcolina en el cerebro, que a su vez potencia la liberación de acetilcolina y dopamina (6).

Además de sus funciones en el sistema nervioso central, el monofosfato de uridina también interviene en el el rejuvenecimiento de las células y en el metabolismo de los carbohidratos. Esto lo logra gracias a que sirve de apoyo a la función de las mitocondrias y de las células hepáticas.

Conoce los beneficios del monofosfato de uridina

Hace crecer el cerebro

El cerebro es posiblemente el órgano más importante, controla y coordina todo: desde los pensamientos, memoria y sentimientos hasta los movimientos del cuerpo. Y el monofosfato de uridina le es favorable al cerebro ya que aumenta su plasticidad, fomentando la sinaptogénesis, es decir, ayudar a aumentar la formación de sinapsis.

También activa los receptores P2Y2 de las neuronas. Estos receptores ayudan en la regeneración y desarrollo neuronal, y en la síntesis de proteínas sinápticas (7).

Los receptores P2Y2 fomentan el crecimiento de las neuritas de las neuronas, dándoles un rol único en la integración de los circuitos celulares neuronales y gliales.

El monofosfato de uridina también ayuda a que el cerebro pueda crecer y repararse así mismo más efectivamente. Este efecto es posible gracias a que activa el factor de crecimiento nervioso, un factor neurotrófico que participa principalmente en la regulación del crecimiento, mantenimiento, multiplicación y supervivencia de las neuronas (89).

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El monofosfato de uridina ayuda a proteger las neuronas

Mejora la memoria

La memoria depende especialmente de la plasticidad del cerebro, cualidad que se asocia con la capacidad de transformar las experiencias en recuerdos. El consumo de monofosfato de uridina potencia la memoria, particularmente la memoria lógica y verbal.

También sirve para mejorar la memoria a largo plazo, lo que explica porque los niveles bajos de uridina en el cerebro ocasionan un deterioro en la formación de la memoria y disminuyen la plasticidad sináptica.

Como se mencionó anteriormente, el monofosfato de uridina aumenta los niveles de fosfatidilcolina, y este aumento se traduce en una mejora de las tareas de la memoria que dependen del hipocampo y del cuerpo estriado del cerebro.

Algo a tener en cuenta es que estos beneficios de optimización de la memoria son más probables de ver después de 4 semanas suplementando con monofosfato de uridina.(1112).

Es antiinflamatorio y controla el dolor

El monofosfato de uridina atenúa la inflamación (13). Esta función protectora no solo es positiva para el cerebro sino también para otros tejidos, ya que la uridina es un potente inhibidor de la adhesión de los leucocitos, lo que es considerado la clave de las respuestas inflamatorias.

También hay que agregar que la uridina disminuye la intensidad del dolor y otros síntomas de los efectos de la inflamación.

La inflamación es en general una reacción directa al daño del tejido a nivel celular. Por ejemplo para un atleta, después de que realiza un entrenamiento duro, los músculos se inflaman con el objetivo de reparar los microdesgarros en las fibras musculares.

Pero la inflamación solo es buena a corto plazo. Cuando esta persiste en el cuerpo puede generar  daño muscular y  varias condiciones crónicas (14).

Demasiada inflamación y las ganancias de fuerza y músculo se pierden. Es aquí cuando entran las cualidades del monofosfato de uridina que, como agente antiinflamatorio, promueve positivamente la fuerza muscular y previene el daño a los tejidos musculares.

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La uridina sirve para disminuir la intensidad del dolor

Optimiza la función mitocondrial

El monofosfato de uridina contribuye a la síntesis de los fosfolípidos, que son los constituyentes esenciales de las membranas mitocondriales (15). Las mitocondrias son las centrales donde casi todos los procesos de producción de energía ocurren, de allí su importancia para el organismo.

Con células mitocondriales saludables, el cuerpo responde mejor a la fatiga. Además, el monofosfato de uridina proporciona un rendimiento físico superior al influir de forma directa en estos procesos de producción de energía.

Mejora el ánimo y el estado de alerta.

Otro gran beneficio cognitivo del monofosfato de uridina es el de estimular la liberación de neurotransmisores, entre ellos la dopamina, conocida como el “neurotransmisor de la motivación”. Esta influye directamente en el estado de ánimo y es responsable también por el sentimiento de placer y recompensa

Tener niveles estables de dopamina en áreas específicas del cerebro es vital para el aprendizaje, la motivación y la atención.

La uridina es también conocida por combatir el estrés al reducir los efectos nocivos del cortisol (18). El cerebro libera cortisol como respuesta al estrés, pero esta sustancia solo resulta útil cuando responde a estresantes agudos o momentáneos.

Si los niveles de cortisol se mantienen elevados durante largo plazo, empeora el estrés y se incrementan los riesgos de depresión. Por ello, contar con monofosfato de uridina en las reservas del organismo sirve para tener buen ánimo durante el transcurso día, aumentar el estado de alerta y evitar la depresión.

Es neuroprotector

Las actividades neuroprotectoras del monofosfato de uridina son muchas, y es realmente útil para proteger las membranas de las neuronas y la cubierta de mielina de las células de Schwann que están presentes en el axón de las neuronas (19).

La desmielinización o el daño de las células de Schwann ralentiza la comunicación neuronal y disminuyen el desempeño cognitivo. Al prevenir el daño a estas células, la uridina protege la cubierta de las neuronas y también ayuda en el tratamiento de las lesiones de la cubierta de mielina.

Asimismo, la uridina previene la acumulación de ácidos grasos alrededor de las neuronas, lo que sirve para aliviar la isquemia. Si estos ácidos se acumulasen en el cerebro, se incrementarían las reacciones inflamatorias, los radicales libres y causarían la rotura de las membranas neuronales.

Por otro lado, la liberación de neurotransmisores que promueve la uridina mejora la coordinación de las neuronas y pone al cerebro en un estado activo constante (20). La uridina también previene el estrés oxidativo al suprimir los radicales libres y combatir las respuestas inflamatorias (21).

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Dosis sugerida, sinergias y administración del monofosfato de uridina

El monofosfato de uridina se toma oral o sublingualmente. Debajo de la lengua es de 7 a 10 veces más potente que al tomarse oralmente. Sin embargo, las personas que la han consumido de forma sublingual han reportado una ligera sensación de ardor.

Se recomienda que las dosis de monofosfato de uridina sean de entre los 50mg a 1g por día.  Muchos usuarios empiezan con una dosis de 150 a 250 mg dos veces al día y luego suben hasta una dosis mayor. Con dosis muy bajas tomará mucho más tiempo notar los beneficios.

Aunque se puede tomar solo, también se puede consumir con otro elemento. Cuando el monofosfato de uridina es tomado con colina u omega-3, su efecto se multiplica después de llegar al sistema nervioso central (23).

Al ser tomado en conjunto a uno de estos compuestos,  la fosfatidilcolina en el cerebro aumenta y acelera la formación de membranas sinápticas, mejorando las funciones cognitivas (24).

El monofosfato de uridina es seguro ya que el cuerpo lo produce naturalmente. Los usuarios solo experimentan efectos menores con dosis demasiado altas como: dolores de cabeza, disminución de las emociones, nerviosismo y algunos trastornos gastrointestinales.

También es conocido por agotar los niveles de vitamina B, especialmente la vitamina B12 (25). Para combatir este problema, es prudente incluir vitaminas del complejo B dentro de los suplementos diarios.

Pensamientos finales acerca del monofosfato de uridina

La uridina se presenta naturalmente en las células después de que el hígado las produce. Los  alimentos que contienen monofosfato de uridina son la cerveza (la que posee mayor cantidad), vegetales crucíferos, levadura de panadería, hígado, páncreas y la leche materna.

El problema con la uridina que proviene de los alimentos es que muy poca de ella llega realmente desde el sistema digestivo hasta el cerebro, por eso la necesidad de suplementar.

El monofosfato de uridina funciona al ser un precursor de la sinapsis del cerebro. Este también alienta el crecimiento cerebral mediante la activación de los receptores P2Y2 y TrkA. Los receptores P2Y2 inducen el desarrollo de las neuritas de las neuronas, mientras que los receptores TrkA potencian los niveles del factor de crecimiento nervioso.

También optimiza la memoria al promover una mejor plasticidad cerebral, y mejora las tareas de la memoria que dependen del cuerpo estriado y del hipocampo.

Los beneficios de la memoria se aprecian después de cuatro semanas de suplementación. También promueve la salud mitocondrial al incrementar los niveles de fosfolípidos, que son componentes de las membranas mitocondriales sanas.

El monofosfato de uridina protege el cerebro y los músculos de la inflamación, reduciendo el dolor y la inflamación al inhibir la adhesión de leucocitos. Además mejora el ánimo y el estado de alerta ya que eleva los niveles de dopamina y disminuye los de cortisol.

El monofosfato de uridina se puede tomar en dosis de entre 50 mg y 1 g por día. Para quienes están empezando se recomienda una dosis que no exceda los 250 mg dos veces al día. El usuario puede consumir una dosis más alta conforme pasa el tiempo.

El monofosfato de uridina es bien tolerado y tiene muy pocos efectos secundarios, que en su mayoría son reportados con dosis muy altas.

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