7,8-dihidroxiflavona: Un nootrópico que incrementa la neuroplasticidad.

7,8 DHF

¿Qué es la 7,8-dihidroxiflavona (7,8 dihydroxiflavone) o 7,8-DHF?

7,8 DHF

Se trata de una flavona natural presente en diversas plantas, como la Tridax procumbes, o hierba de san Juan, y en los árboles, como los de la familia Godmania. Las flavonas son una clase de compuestos caracterizados por su color amarillo, y que pueden encontrarse en una amplia variedad de plantas y árboles. Todas las flavonas tienen la misma estructura química base, y se clasifican dentro de un grupo más amplio de compuestos que tienen la denominación de flavonoides. Algunas de las flavonas más comunes son la apigenina y la tangeretina, localizables en hierbas como la camomila, así como en diversos cítricos.

Cada flavona tiene sus propios efectos únicos. Por ejemplo, la apigenina ha demostrado ser capaz de promover la relajación, y la tangeretina ha evidenciado una capacidad para mantener niveles saludables de colesterol. Cuando hablamos de la 7,8-HDF, sin embargo, la posición de los grupos hidroxilo en la estructura central de la flavona resulta en un compuesto que puede activar los receptores de la tirosina quinasa B, TrkB, de manera significativa. Esta es una habilidad muy especial, dado que sólo un limitado número de compuestos, aparte de complejos péptidos como el Semax, el Selank o el Noopept, son capaces de activar este receptor. Dado que la 7,8-DHF no es un péptido, se la considera una pequeña molécula activadora de los receptores de tirosina quinasa. Las pequeñas moléculas activadoras del TrkB han sido buscadas exhaustivamente en la investigación científica, sin que la mayoría de estos intentos resultasen fructíferos. Esto es, hasta que un grupo de investigación realizó un amplio estudio en numerosas moléculas que podían ser candidatas idóneas para cumplir con esta función; de todos los compuestos estudiados, sólo la 7,8-DHF resultó efectiva.

MOLECULA DE 7,8 DHF

¿Por qué debería interesarme en la activación TrkB?

El receptor de la tirosina quinasa B es un receptor bastante especial que responde a varias de las proteínas que nuestro cuerpo elabora. La principal proteína que actúa activando dicho receptor es aquella que denominamos factor de crecimiento nervioso asociado al cerebro, o BDNF, por sus siglas en inglés; esta proteína, mediante su activación del receptor en el que actúa, regula cómo nuestros cerebros son capaces de cambiar, adaptarse y resistir nuestro entorno.

A esta plétora de efectos se les conoce habitualmente como “neuroplasticidad”. Es el proceso mediante el cual nuestro cerebro es capaz de cambiar físicamente, mediante la producción de nuevas células y a través de la formación de nuevas conexiones entre diferentes regiones. La neuroplasticidad es un proceso de importancia capital que se involucra en casi todas las funciones del cerebro; por ejemplo, cuando se da en el hipocampo, resulta crucial para el aprendizaje, la memoria y el estado de ánimo.

¿Así que, si nuestros cuerpos producen por sí mismos este factor de crecimiento nervioso asociado al cerebro, por qué debería importarnos activar el receptor TrkB? La principal razón radica en que la señal de BDNF, por sí misma, resulta fácilmente atenuada por una diversidad de factores que, a menudo, escapan a nuestro control, como pueden ser el estrés, la nutrición y las condiciones medioambientales en que nos vemos inmersos. En función de estos elementos, nuestros cerebros se vuelven menos capaces de responder adecuadamente y conforme a nuestros deseos.

Mediante la inclusión de 7,8-DHF entre nuestros suplementos, lograremos causar un impacto positivo en nuestro humor y en nuestras funciones cognitivas aun cuando las circunstancias nos sean adversas; tendremos, por tanto, más control sobre nuestras vidas. Adicionalmente, la activación TrkB ayuda a proteger nuestros cerebros del estrés oxidativo y la excitotoxicidad, dos mecanismos asociados con la pérdida de funciones relacionadas con el envejecimiento.

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¿Cómo funciona la 7,8-dihidroxiflavona?

Para entender cómo la 7,8-DHF realiza sus funciones, tenemos que echar un vistazo primero al receptor TrkB. Este receptor tiene dos posiciones en que las moléculas pueden enlazarse. El factor de crecimiento nervioso asociado al cerebro es capaz de activar indistintamente ambas posiciones, no obstante, parece ser que una de ellas, la denominada carboxilo-terminal, es la más importante en la inducción de neuroplasticidad. La 7,8-DHF es capaz de enlazarse con este extremo, imitando a la perfección las funciones de la proteína endógena encargada de la plasticidad neuronal.

Este hallazgo es extremadamente interesante, ya que indica que la 7,8-DHF realiza las funciones de la BDNF de forma excelente. Esto es lo que hace a la 7,8-DHF tan única dentro del mundo de los nootrópicos, no sólo su efecto sobre los receptores, sino también la facilidad con la que cruza la barrera hematoencefálica, óbice para el desarrollo de sus funciones en la mayoría de compuestos. Por ejemplo, una de las principales razones por las que no podemos suplementar la proteína BDNF directamente es que ésta nunca llegaría al cerebro ni tendría efectos sobre los receptores TrkB. Mientras tanto, la 7,8-DHF es capaz de realizar las mismas funciones sin problema.

Los receptores de tirosina quinasa B existen como monómeros en su estado inactivo. Como monómero nos referimos a donde sólo hay un receptor. Una vez activado, cambios estructurales en el receptor TrkB lo llevan a fusionarse con otro receptor idéntico. A este proceso se le denomina dimerización, es decir, la conversión de monómero en dímero. El dímero TrkB es capaz de atraer los grupos fosfato del adenosín trifosfato, lo que causa que el dímero TrkB se fosforile. Una vez que el TrkB está fosforilado, puede empezar a donar grupos fosfato a proteínas inactivas, que requieren de grupos fosfato para funcionar. El dímero Trkb fosforilado es capaz de donar múltiples grupos fosfato. Esto implica que la activación del receptor TrkB a través de la presencia de 7,8-DHF inicia una larga serie de activaciones a través de distintas vías. Las tres vías principales son la PKC, Ras/MAPK y PI3. Estas vías afectan a una amplia variedad de procesos relacionados con la neuroplasticidad. En todo caso, todas acaban activando una proteína llamada CREB, una vez esta se activa, puede enlazarse con la proteína de unión a CREB, o CREBBP. Este proceso permite que se ocasionen modificaciones físicas en el cerebro en un proceso que se denomina neurogénesis.

Para concluir, el sistema TrkB es crucial para la mayor parte de la actividad cerebral, sobre todo cuando tratamos el asunto de la plasticidad neuronal. 7,8-DHF promueve la sana función cognitiva mediante la activación de este sistema. Por si imitar a la proteína BDNF no fuese suficiente, la 7,8-DHF también interviene en un amplio número de procesos cerebrales asociados con la salud mental, promoviendo niveles saludables de inflamación y oxidación. En definitiva, la 7,8-dihidroxiflavona es un suplemento excelente para mantener y mejorar la salud del cerebro.

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